Plataforma para el desarrollo personal. Bitácora de las cosas simples de la vida.
sábado, 7 de junio de 2014
Disciplina para la vida
lunes, 13 de mayo de 2013
Gracias
Gracias Dios por un día más
gracias por la vida que me das.
Es bueno saber que puedo creer
y saber que en ti puedo confiar.
Es duro el camino al andar
mil vallas voy a encontrar;
sé que tú me vas a cuidar.
Gracias Dios por un año más,
ya sé que no debo mirar atrás.
Es momento de seguir y crecer
es tiempo de reír, vivir y soñar.
Es duro el camino al andar
mil vallas voy a encontrar;
sé que tú me vas a cuidar.
domingo, 22 de julio de 2012
Amada en mis sueños
jueves, 8 de marzo de 2012
Sublime mujer
eres el ser más sublime del mundo;
un verso que en el tiempo perdura,
hija de Dios, con corazón profundo.
Eres dama, hermosa, eres mujer,
la dulce inspiración de mil poemas;
el universo hoy te quiere enaltecer,
sin suposiciones, ni estratagemas.
Simplemente no estaría presente,
no sería un hombre, no existiría;
pero estoy… gracias a tu vientre.
¡Bendito milagro, quién lo diría!
al estar rodeado de tanta gente;
reconozco pues, tu supremacía.
viernes, 24 de febrero de 2012
Ansias
regálame sólo una mirada,
que en mí quede grabada
en esta vida y en la muerte.
Yo sé que he de perderte
ya no preciso decir nada,
tú ya no estás enamorada
se acabó el deseo ardiente.
¡Benditas ansias que dominan,
mis ganas por querer retenerte!
En mi mágico mundo ¡imagina!
Este sentimiento me conmina,
a mirar más allá del presente;
pero el tiempo, me incrimina.
viernes, 27 de enero de 2012
El tic tac del tiempo
Un inquieto y curioso escolar llamado Sergio Silva, con apenas ocho años edad deliberaba en forma insistente acerca de la vida y el tiempo. Pese a su corta existencia, solía inquietarse por tener que esperar muchos años para ser grande. Cursando aún el tercer grado de educación primaria, se desesperaba por terminar el colegio para poder ingresar luego a la universidad, ser un profesional y dedicarse a trabajar.
Pese a sus denodados esfuerzos para que el tiempo -según él- transcurriera diligentemente, éste no pasaba, o simplemente se demoraba en pasar. Cada día se convencía más de que el tiempo transcurría más lento que una tortuga. Un día le parecía como un año, o como un año luz. No avanzaba de acuerdo a sus intereses. “¿Cuándo seré grande? ¿Cuándo terminaré la primaria, la secundaria? ¿Cuándo trabajaré? ¿Cuándo me casaré? ¿Cuándo? ¿Cuándo? ¿Cuándo?”, se cuestionaba el párvulo.
Repentinamente, el tiempo transcurrió, eso nunca dejó de suceder. Actualmente el pequeño, que ya no es tan pequeño (en realidad es un adulto), se recrimina por haber pensado que el tiempo transcurría lentamente. Ciertamente, el tiempo no transcurre rápido ni lento, sólo transcurre. Sin embargo, añoraba volver a su época de escolar, a sus años de juventud. Deseaba eso de todo corazón pero de desilusionaba al saber que era absolutamente imposible.
Intentó por momentos detener el tiempo, pero tampoco pudo. Por más que detuviera un reloj el tiempo nunca dejaba de hacer tic tac. Ahora un año le parecía como un día, y un día se le iba más rápido que un billete de cien nuevos soles. En tal sentido, comprendió que el tiempo más que oro es un gran tesoro y por ende tenía que aprender a valorarlo mucho más.
En la vida quizá nos han enseñado que así como el tiempo, la piedra arrojada o la flecha lanzada jamás regresan. Esto es cierto en un sentido retórico, mas no en un contexto real. Sin haber herido a nadie, puedes recoger la misma piedra o flecha que arrojaste y volverla a lanzar cuantas veces quieras, puedes. Lo que no puedes es volver a traer el tiempo que dejaste pasar, no puedes.
Por eso, mientras tengamos vida, estamos todavía a tiempo de enmendar nuestro camino para evitar que se nos escurra como agua entre los dedos. Sin intentar ganarle y tampoco esperarle, hagamos que el tiempo sea nuestra mejor compañía y nuestro más grande tesoro.
lunes, 23 de enero de 2012
Todo sucede por algo
Muchas veces en nuestra vida nos han ocurrido cosas que nos han afectado profundamente. Hechos fortuitos o sucesos inesperados, que nos han provocado dolor, tristeza y desesperanza. Acontecimientos como la partida de un familiar, la pérdida de un trabajo, un accidente doméstico, un proyecto cancelado repentinamente o la ruptura de una relación amorosa, nos han abatido, abrumado y hasta nos han destrozado el corazón.
Tal vez hayamos sentido que el mundo se nos vino encima. La carga es difícil de llevar. La impotencia nos lleva a la desesperación. Lloramos, renegamos, nos golpeamos la cabeza contra la pared y tratamos de buscar culpables. Queremos también buscar el por qué y nos sentimos mucho más vacíos al no encontrar respuestas. Definitivamente, no hay nada que pueda sosegarnos; es lo que creemos en ese momento.
Sin embargo, trascurre el tiempo y nos damos cuenta, que aquellas circunstancias desfavorables tuvieron una razón de ser. Todo sucedió por algo. Todo en la vida sucede por algo, y por algo bueno. Quizá hoy tengamos que llorar, pero mañana nos tocará reír. Como reza un adagio popular: “No hay mal que por bien no venga”; o mejor aún: “No hay mal que dure cien años. Tampoco cuerpo que lo resista”.
Como seres humanos debemos saber y reconocer que la vida suele presentarnos pruebas, problemas y conflictos. ¿Hasta dónde somos capaces de soportar? ¿Qué somos capaces de hacer para superar la adversidad? Las respuestas a estas interrogantes están dentro de nosotros mismos.
Lo cierto de todo es que bajo cualquier circunstancia el tiempo será nuestro mejor aliado. Suele ocurrir (bueno, casi siempre ocurre), que aquellos instantes que nos ha tocado sufrir, se convierten luego en simples e irrisorios anécdotas. Entonces, si después de la tormenta siempre llega la calma, aprendamos a ver el lado positivo de aquello negativo que nos sucede.
sábado, 31 de diciembre de 2011
Un año más, un año menos…
Nunca me gusta decir Adiós, sospecho que es un término definitivo. Prefiero decir ¡Hasta pronto! ¡Nos vemos luego! ¡Te veo más tarde! Presiento que son frases más alentadoras. Sin embargo hoy, faltando pocos segundos para que acabe el día, será inevitable decir Adiós. Será definitivo, no habrá marcha atrás, este año 2011 se va y no volverá.
Para muchos, incluyéndome, esta despedida nos llena de nostalgia. Nunca he estado ansioso porque un año se acabe, al contrario quisiera que el tiempo se detenga. Pero como ya dije, es inevitable.
Por eso, sólo nos queda rememorar brevemente aquellos gratos momentos que la vida nos regaló en el aún presente año. Mi más grata experiencia fue contemplar la grandeza de Machu Picchu (Mayo 22). ¿Cuál fue la tuya?
Sin duda que tenemos mucho que contar, cada uno de los 365 días que dejamos atrás, podría ser la página de un libro, en mi caso del tomo 32. Ahora se escribirá una nueva página, un nuevo capítulo de nuestra vida y todos esperamos con bastante optimismo que sea mejor que el capítulo anterior.
¡Adiós 2011! Gracias por la vida, por mis padres, mis hermanos y la salud de mis queridos abuelos. Gracias por los amigos, por los viajes, por los gustos y disgustos. Gracias por la música que grabé, por la guitarra, mi fiel compañera. Por los 15 kilos de peso que bajé, por las partidos de fulbito (“pichanguitas”) que jugué. ¡Gracias!
Siempre supe que un día más era un día menos, hoy es oportuno decir, que un año más es un año menos, aun así, ¡Gracias!
Ciertamente, el futuro no está a nuestro alcance, pero la vida continúa, y así como viene hay que vivirla intensamente, con sus alegrías y tristezas, con sus aventuras y desventuras, con sus éxitos y fracasos.
Ahora gracias Dios por darnos la oportunidad de recibir un nuevo año, de poder saludarlo, darle la bienvenida y hasta poder abrazarlo. Esperamos de todo corazón que sea Feliz, Venturoso y Próspero… ¡Hola 2012! ¿Cómo estás? ¿Qué sorpresas me traes? Adelante, toma asiento ¿Te ofrezco algo?
sábado, 3 de diciembre de 2011
El niño preguntón
Este era un niño a quien le gustaba hacer preguntas. Por naturaleza todos los niños son curiosos, siempre hacen preguntas, y con ello, aprenden y descubren nuevas cosas. Pero este niño nunca dejaba de preguntar; a sus padres, sus maestros, a sus amiguitos de la escuela y del barrio. ¿Por qué el cielo es azul? ¿Por qué vuelan los aviones? ¿Existe Papa Noel? ¿Por qué los perros hacen “guau guau” y los patos “cua cua”? ¿Quiénes son los extraterrestres? ¿De dónde salen los bebés?
Las interrogantes de este niño eran tan simples pero complejas a la vez que no siempre eran resueltas por sus interlocutores. Éstos incluso solían recurrir a la mentira para satisfacer la extrema curiosidad del párvulo, quien además se ganó el apelativo de “niño preguntón”.Siendo ya adolescente, el “niño preguntón” dejó de hacer preguntas, y no porque conociese todas las respuestas, al contrario, cada día que dejaba de preguntar tenía mucho más dudas que antes. La razón de su silencio fue porque desconfiaba de la credibilidad de las respuestas. Y no era para menos, cuando dejó de ser niño se enteró que Papa Noel no era quien dejaba los regalos junto al árbol de navidad y que las cigüeñas no traían a los bebés.
Más adelante, el “niño preguntón” ingresó a la universidad y estudió la carrera de Periodismo. Luego, cuando comenzó a ejercer su profesión, se complacía por hacer preguntas a sus entrevistados. Era el trabajo perfecto, hacía lo que le gustaba y encima le pagaban por ello.
Con el tiempo, el “niño preguntón” comprendió que no siempre encontraría respuestas a todas las interrogantes que hacía, y era porque no todos los entrevistados respondían con la verdad. Otros evadían las respuestas y algunos simplemente desconocían el tema.
Todos hemos llevado o llevamos aún la esencia de este “niño preguntón”, y hemos llegado a la conclusión de que la vida está hecha de interrogantes de las cuales muchas tendrán respuestas y muchas otras, no, y que por más que nos esforcemos en buscarlas, sencillamente no las encontraremos. Este es el misterio de la vida.
En ocasiones tras satisfacer una pregunta se nos abrirán nuevos cuestionamientos. También recibiremos respuestas que no siempre estarán hechas de acuerdo a nuestra conveniencia o intereses y finalmente, nos daremos cuenta que las respuestas que buscamos no siempre estarán en el mundo exterior, sino dentro de nosotros mismos.


