Autor: Juan Carlos Calderón Pasco
Cómo te llamas, no sé,
quiero saber...
pues de ti me enamoré,
linda mujer.
Cómo te llamas ¡dímelo!
te lo ruego...
yo quiero acercarme a ti
cómo puedo.
No me dejes con la duda
no me quites la ilusión,
cómo te llamas por favor;
serás ternura o pasión.
Tal vez pueda adivinar
quizá te llames ternura;
por eso te voy a enamorar
con cariño y con dulzura.
De repente eres pasión
pues me puedo equivocar;
por ello con toda devoción,
te voy a conquistar.
Y tú ¿cómo te llamas?
Plataforma para el desarrollo personal. Bitácora de las cosas simples de la vida.
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lunes, 12 de agosto de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
El amor de mis sueños
Autor: Juan Carlos Calderón Pasco
Escucho a tus ojos abiertos
susurran amor sin medida,
y durmiendo vivo despierto
buscando tu voz prometida.
Me amas, yo sé, lo presiento,
en mis brazos vives rendida;
pues mi regazo es aposento
de tus besos y manos floridas.
Tus labios estrechan los míos,
es bello y mágico el momento;
a tu lado mujer, no siento frío,
sí el calor, de tu dulce aliento.
Tú sabes que por ti desvarío
son reales mis sentimientos;
de madrugada llega el rocío
fue un sueño ¡cómo lo siento!
Escucho a tus ojos abiertos
susurran amor sin medida,
y durmiendo vivo despierto
buscando tu voz prometida.
Me amas, yo sé, lo presiento,
en mis brazos vives rendida;
pues mi regazo es aposento
de tus besos y manos floridas.
Tus labios estrechan los míos,
es bello y mágico el momento;
a tu lado mujer, no siento frío,
sí el calor, de tu dulce aliento.
Tú sabes que por ti desvarío
son reales mis sentimientos;
de madrugada llega el rocío
fue un sueño ¡cómo lo siento!
lunes, 8 de abril de 2013
Aquella noche
Autor: Juan Carlos Calderón Pasco
Aquella noche no tuvo piedad
y tu cuerpo conmigo tampoco;
me enseñaste a amar de verdad,
con el corazón, poquito a poco.
Allí, en medio de la oscuridad,
en esa penumbra sin nombre;
se confundió nuestra intimidad
fuiste mi mujer y yo tu hombre.
Cómo olvidar la noche aquella
tan llena de amor efervescente;
intensa pasión que deja huella
fue el beso de tu boca ardiente.
Aquella noche no hubo estrellas
la luna se cubrió en el poniente;
en la luz de tus ojos de doncella
descubrí el calor de tu simiente.
Aquella noche no tuvo piedad
y tu cuerpo conmigo tampoco;
me enseñaste a amar de verdad,
con el corazón, poquito a poco.
Allí, en medio de la oscuridad,
en esa penumbra sin nombre;
se confundió nuestra intimidad
fuiste mi mujer y yo tu hombre.
Cómo olvidar la noche aquella
tan llena de amor efervescente;
intensa pasión que deja huella
fue el beso de tu boca ardiente.
Aquella noche no hubo estrellas
la luna se cubrió en el poniente;
en la luz de tus ojos de doncella
descubrí el calor de tu simiente.
lunes, 25 de febrero de 2013
Anhelos
Autor: Juan Carlos Calderón Pasco
Debo romper la barrera del temor
aquella que bloquea mis ilusiones,
que impide mostrar mis emociones
a la mujer que quiero con fervor.
Tendré que hacerlo por el amor
que no comprende mil razones,
que vive de escuchar canciones
cuando se parte el alma de dolor.
Quizá rompiendo la barrera
pueda yo acercarme a ti,
darte mi amor con frenesí
y amarte con el alma entera.
Debo romper esta barrera
apagar con tu voz mi llanto,
tú sabes que te amo tanto
y mis brazos por ti esperan.
Debo romper la barrera del temor
aquella que bloquea mis ilusiones,
que impide mostrar mis emociones
a la mujer que quiero con fervor.
Tendré que hacerlo por el amor
que no comprende mil razones,
que vive de escuchar canciones
cuando se parte el alma de dolor.
Quizá rompiendo la barrera
pueda yo acercarme a ti,
darte mi amor con frenesí
y amarte con el alma entera.
Debo romper esta barrera
apagar con tu voz mi llanto,
tú sabes que te amo tanto
y mis brazos por ti esperan.
viernes, 22 de febrero de 2013
Así es el amor
Autor: Juan Carlos Calderón Pasco
Mirándote a la ojos
pierdo la razón,
son dulces tu enojos
así es el amor.
Contemplo tu sonrisa
vuelve la ilusión,
tú te vas, tienes prisa
regresa el dolor.
Añoro tus cabellos
el aroma exquisito,
los tiempos aquellos
viajando al infinito.
Anhelo tu mirada
el fuego abrasador,
mujer apasionada
regálame tu amor.
Mirándote a la ojos
pierdo la razón,
son dulces tu enojos
así es el amor.
Contemplo tu sonrisa
vuelve la ilusión,
tú te vas, tienes prisa
regresa el dolor.
Añoro tus cabellos
el aroma exquisito,
los tiempos aquellos
viajando al infinito.
Anhelo tu mirada
el fuego abrasador,
mujer apasionada
regálame tu amor.
miércoles, 6 de febrero de 2013
LLuvia de verano
Autor: Juan Carlos Calderón Pasco
La lluvia de verano puede ser
tan inesperada como tu querer.
Pues llegas de repente
y te vas sonriente;
para no volver.
Lluvia que el viento desvanece
como tu amor cuando amanece.
En la cálida mañana
te alejas muy lozana;
mi alma languidece.
Sutil lluvia pasajera
que despiertas la ilusión;
de creer que es primavera.
Por tu amor a la ligera
se disipa la pasión
y se apagan las quimeras.
La lluvia de verano puede ser
tan inesperada como tu querer.
Pues llegas de repente
y te vas sonriente;
para no volver.
Lluvia que el viento desvanece
como tu amor cuando amanece.
En la cálida mañana
te alejas muy lozana;
mi alma languidece.
Sutil lluvia pasajera
que despiertas la ilusión;
de creer que es primavera.
Por tu amor a la ligera
se disipa la pasión
y se apagan las quimeras.
jueves, 31 de enero de 2013
Déjate querer
Autor: Juan Carlos Calderón Pasco
Te busco y no te encuentro
te llamo y no te escucho,
y no sabes cómo lucho
por mostrarte lo que siento.
Es muy cruel la realidad
bastante incierto mi camino,
tal vez no quiere el destino
que te pueda yo amar.
Déjate querer, déjate mujer
te daré amor y mucho…
si contigo, me dejas correr.
Ven, acércate, toca mi piel
pues conmigo te imagino…
en un inquieto atardecer.
sábado, 20 de octubre de 2012
El placer de tu existencia
Autor: Juan Carlos Calderón Pasco
El placer de saber que existes
es suficiente para poder vivir;
pues alegras mis días tristes
me das motivos, para sonreír.
Es el placer de tu existencia
el que ahuyenta mis temores;
al altísimo le debo reverencia
por escuchar a mis clamores.
A tus pies caigo rendido,
la magia en ti comienza;
me has estremecido.
El cielo te ha enaltecido,
¡oh mujer! es tu belleza;
El placer de saber que existes
es suficiente para poder vivir;
pues alegras mis días tristes
me das motivos, para sonreír.
Es el placer de tu existencia
el que ahuyenta mis temores;
al altísimo le debo reverencia
por escuchar a mis clamores.
A tus pies caigo rendido,
la magia en ti comienza;
me has estremecido.
El cielo te ha enaltecido,
¡oh mujer! es tu belleza;
el paraíso prometido.
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